EXPOSICIÓN
Monasterio de Santo Toribio
de Liébana
Año Jubilar 2000-2001



BEATO DE LIÉBANA
Abad del monasterio de San Martín de Turieno (hoy Santo Toribio), que vivió en la segunda mitad del siglo VIII. En el año 776, (segunda versión en el 784) escribió el libro "Comentario al Apocalipsis", para explicar el hermético texto de San Juan. Para su redacción nuestro monje se basó en otros libros de Santos Padres orientales y romanos, lo que nos indica la gran biblioteca que debía poseer el cenobio lebaniego.
En su tiempo Beato alcanzó gran fama por su intervención, junto con su compañero Eterio -en la controversia suscitada por la herejía "adopcionista", frente a Elipando de Toledo, arzobispo primado y Félix de Urgel, defendiendo la ortodoxia católica frente a los que afirmaban que Cristo era solamente hijo "adoptivo" de Dios. En el proceso se vio implicado el propio emperador Carlomagno, que convocó un Concilio en Ratisbona, en el cual se ratificaron las posturas de nuestro monje frente a los herejes. Se puede decir que a partir de este momento Cantabria comienza a ser conocida en el ámbito internacional.
Su relación con el culto a Santiago deriva de la composición del himno "O Dei Verbum", para la festividad de Santiago en la liturgia mozárabe, cuya alabanza del apóstol como "cabeza refulgente y dorada de España, defensor poderoso y patrono especialísimo" supuso el inicio de su culto como patrón de España y propició el descubrimiento del sepulcro de Santiago.
Pero Beato, además de su proyección histórica, ha pasado a la Historia del Arte porque en su libro, junto a sus textos, comenzaron a incluirse ilustraciones o miniaturas, cuya temática y técnica fueron fundamentales para la evolución técnica y estética de la pintura y escultura mozárabe y románica. Perdida la obra original, apenas se han conservado 25 códices ilustrados de los siglos IX al XIII, que han tomado el nombre del autor del "Comentario".

ILUSTRACIONES DE LOS BEATOS

La decoración de manuscritos hispanos de letra visigoda era muy sencilla. Apenas tenía cambios de color en la tinta o ligeros motivos ornamentales. A partir del siglo VIII, por influencia carolingia comienza a aparecer la decoración de lacería en las letras capitales y algo más tarde ç aves y peces por influencia musulmana.
Por tanto, la decoración de los Beatos inicia un nuevo ciclo que tomando influencias italianas, carolingias y sobre todo norteafricanas, se coloca a la cabeza de la Europa cristiana en cuanto a cantidad (cada Beato suele tener alrededor de 90 miniaturas) y calidad de las ilustraciones, que se difundirán ampliamente, por la gran aceptación que tuvo este libro de Beato durante más de 500 años.

La clasificación de las miniaturas
Fuera de duda que él ya tenía ilustraciones. En varios lugares aparece la expresión "storia subsequente picturae". Su estilo se correspondería con el arte asturiano, que procedía de la tradición artística hispano-visigoda. Desde que en el siglo XVIII el padre Flórez publicara la primera edición crítica del libro de Beato muchos han sido los que han intentado buscar relaciones entre los códices conservados para profundizar en el estudio del autor y su época. Ya en 1930 Sanders, clasifica los códices en dos familias, basándose en las diferentes estructuras del texto de las dos versiones de Beato. Un año más tarde Neuss estudia las ilustraciones y confecciona un stemma o árbol genealógico con las dos familias fundamentales y los subgrupos. Por último Klein (1978), ha intentado acoplar las versiones textuales a las familias pictóricas de Neuss. La existencia del códice más antiguo, del siglo IX procedente de Silos, ha movido a algunos a pensar en un "primer estilo", arcaico derivado quizás de la versión original. Las ilustraciones se encuentran intercaladas en los textos. A partir del siglo X ocupan página entera o doble página y textos. Sería el "segundo estilo", denominado leonés o mozárabe, con una derivación hacia Zamora. En él aparecen las típicas bandas coloradas para crear espacios y perspectiva. El "tercer estilo" sería ya románico, siglos XI y XII, con fuerte influencia internacional, produciendo obras de extraordinaria calidad y belleza, como el Beato de Fernando I, el del Burgo de Osma o el más tardío de San Andrés de Arroyo.




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Textos: Enrique Campuzano Ruiz / Fotos: Gelo Hurtado.